Ruta entre hayedos: del puerto de la Quesera a la ermita de Hontanares

A las 9:30 de una fresca mañana aparcaba el autobús en el puerto de la Quesera, desde donde comenzamos una preciosa ruta que nos permitió contemplar en todo su esplendor los colores otoñales del hayedo de Tejera Negra en la vertiente guadalajareña y el de la Pedrosa en la vertiente segoviana.

Mapa del IGN. Herramienta Iberpix4

Se trata de una ruta de senderismo que nos permitió subir varias cimas de 2.000 metros. Partiendo del puerto de la Quesera ascendemos y ya moviéndonos por la cota de los 2.000 metros seguimos el cordal de las Berceras haciendo cima en varios picos hasta el collado de la Fuente, desde donde bajamos por un bosque de robre y hayas hasta la ermita de Hontanares, con la lejana silueta del pico del Lobo y sus primeras nieves.

 

Hicimos cima en Peña la Silla (1.935 m), el Alto del Parrejón (2.013 m), el Alto del Cervunalillo (2.016 m), el Cerro de Mesa Peñota (2.045 m) y el Cerro Gordo (1.906 m). Como es una ruta familiar vinieron varios niños, hijos de socios del club junto a los socios más jóvenes.

Estas rutas "familiares" no es sólo por cuidar la cantera, como suele decirse, o por promover el deporte. La montaña va más allá del esfuerzo de la propia actividad física. Es la contemplación del paisaje, el disfrute con los compañeros y la ayuda, puesto que aunque tengas una actitud de competición y quieras hacer una ruta lo más rápido posible, o una vía de escalada difícil, te encuentras en un medio hostil en el que una variación del tiempo o un pequeño accidente hará que alguien pueda necesitar tu ayuda; o ser tu mismo quien la pida.

Por ello consideramos que las nuevas generaciones de montañeros del club deben aprender que el monte es un lugar en el que ponerte tus propios retos, pero donde debes ayudar a otros a que consigan los suyos.

 

La ermita de hontanares es un precioso enclave en el que tomar un café y una cerveza mientras charlas con los compañeros del club y nuevos amigos de ruta que se apuntaron a la actividad, observando las cimas y bosques que has recorrido esa mañana. Como no podía ser de otro modo, los adultos se durmieron en el autobús a la vuelta mientras los niños seguian riendo y jugando.

 

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