La historia de Juan Plaza

El pasado sábado 21 de Abril el CAPO quiso poner su granito de arena con una marcha en la que no sólo disfrutamos de aguas vertientes y sus maravillosas fuentes, recorrimos también un paraje lleno de historia, las piedras del mirador de Juan Plaza emplazamiento totalmente estratégico donde avistar el paso entre las dos mesetas si hablaran podrían contarnos tantas cosas que han visto... pero este año homenajeamos desde el Club el Peñón de Juan Plaza, conocida zona de San Rafael y es por ello que queremos que nadie olvide a quién debe su nombre ese mirador, aquí está la crónica que escucharon los que se animaron a acompañarnos en esa ruta, unas pinceladas que nos contó nuestra compañera Ana María Martín que ojalá nos sirvan para ser vectores de la historia y patrimonio de nuestros montes.

Peñon Juan Plaza

Juan Plaza fue un famoso bandolera de la zona, no por vocación pero su origen humilde y cualidades adquiridas gracias al trabajo con su padre y fruto de una muy dura vida, pues las tierras que hoy conocemos como El Espinar-Peguerinos era un “sálvese quien pueda” con abuso de los “señores de la zona” y miseria para las familias agrícolas y ganaderas en su mayoría trashumante en la zona (cañada Real Soriana), acabó siendo todo un personaje de nuestra querida sierra en el siglo XVIII y es éste peñón que toma su nombre porque era donde se subía con su catalejo a “otear” el paso estratégico que es hoy San Rafael entre las dos castillas, para saquear y obtener víveres no sólo para los suyos.

El origen de Juan Plaza está en Extremadura, donde su padre trabajaba la madera para realizar herramientas para arado, venderlas y subsistir, cazando algo para comer con la siguiente filosofía de cazador “las 3 pes” paciencia, perseverancia y prudencia, principios que aprendió Juan de su padre Domingo y que al igual que el oficio de la madera aplicaría a lo largo de su vida en todo momento. Su familia constaba de dos hermanas, más pequeñas que él y sus padres, que decidieron venir de tierras extremeñas a Navas del Marqués dónde se asentaron para vivir con el único fin de subsistir, al trabajar la madera debían recorrer los montes en busca de ella no sin encontrarse con los guardas del monte del momento, personas que en la época se “vendían” al mejor postor, ya que se supone que velaban por el correcto aprovechamiento de los montes de la zona, pero aprovechaban para sus propios intereses como tener a bien la confianza de los señores de la villa, en este caso por orden de Don Rodrigo Onrubia de Salamanca, vizconde gestor de la zona, fueron arrestados y detenidos en la casa señorial del Vizconde, no sólo les requisaron las herramientas si no que mientras padre e hijo se encontraban retenidos el Vizconde y sus secuaces quemaron su casa, violaron y mataron a su madre y hermanas y al dar la noticia a Juan y a su padre, mintieron diciendo que era obra de los bandoleros de la zona, Domingo sufrió un infarto y murió en el acto de conocer la noticia, Juan salió y paso unos días observando los restos humeantes de su hogar, llorando a sus familiares y sin creerse la versión del Vizconde.

Una mañana Juan Plaza ha desaparecido de manera apresurada sobre su burrita monte adentro, el Vizconde aparece esa misma mañana herido de muerte con herramientas de arado. Juan después de ser advertido en Pequerinos por una familia de la existencia de lobos es atacado en la zona de cueva valiente que en ese momento se conocía como la “Cañada del Lobo” por una manada de lobos, pensó estar condenado pero quiso resistirse y luchó hasta que se vio perdido en ese momento le pareció oir 3 disparos, cayó desmayado y despertó dentro de una Cueva rodeado de 4 bandoleros (son José Cartagena “Machuca”, Julián Martín “Arcones” y los hermanos Trinidad Paco y Juanin), quedó con ellos una temporada pues su objetivo era llegar a la ciudad de Segovia y vivir de su oficio, pero acabó siendo el líder del grupo de bandoleros por su actitud, siendo muy perseguidos en la zona. El número 5 era mágico, Juan Plaza pensaba que eran un gran equipo pues es el número óptimo de pastores para realizar una trashumancia con éxito. Llegó la invasión Napoleónica y se rompió el grupo de bandoleros pues tuvieron que luchar (en parte como manera de ”limpiar” sus actos al servicio militar), tuvieron mucho éxito en sus batallas. Una vez terminó la guerra de la Independencia Juan Plaza harto de sangre decidió terminar sus días en el paraje de Azálvaro como pastor.

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